martes, 2 de marzo de 2010

Huracán le empató a Racing sobre el final en Avellaneda


Huracán le dio un nuevo dolor de cabeza a este Racing al que parecen perseguirlo las angustias y los sinsabores. Porque cuando parecía que se quedaba con una victoria fundamental para descomprimir tensiones, Huracán le empató a apenas un minuto del final y en el descuento casi se lo gana con un cabezazo desviado de Leandro Benegas. Se trató, al cabo, de un premio exagerado para el conjunto de Parque Patricios. Racing había sido levemente superior y no merecía sufrir ese golpe postrero. Y su gente vivió al 1 a 1 como una derrota. Ya en el primer tiempo, Racing y Huracán armaron un partido rudimentario, prolífico en imprecisiones y desprolijidades a la hora de manejar la pelota. Y como es muy difícil jugar bien cuando no se puede controlar la pelota adecuadamente, la gente se lo hizo saber a los protagonistas con numerosas muestras de reprobación. Si Racing se puso 1 a 0 sobre los 16, fue porque Bieler tiene al arco entre ceja y ceja, y porque Monzón le dio una ayuda inestimable al no poder retener el balón ante el disparo lejano del delantero. En realidad, Bieler y Pablo Lugüercio, el otro delantero de Racing, fueron las dos individualidades que mejor entendieron el juego en aquella etapa inicial. Lugüercio, la figura, porque exhibió una movilidad constante, porque siempre buscó sacarse un rival de encima y descargar rápido para un compañero, porque participó de casi todas las jugadas de riesgo de su equipo. Y Bieler porque supo ser un buen ladero del Payaso y porque con su sola presencia Racing gana mucho protagonismo en las cercanías del arco rival. Antes del gol de Bieler, Racing había estado cerca con una tijera de Lucas Castromán ante la que Monzón respondió con muchos reflejos. Y ya después de la apertura, Racing volvió a inquietar en dos ocasiones, en ambas con Lugüercio y Bieler de protagonistas. El Huracán de Rivoira mostró una alarmante falta de fútbol y apenas si encendió la luz de alerta en el fondo de Racing en dos ocasiones. Una guapeada que se le terminó yendo larga a Leandro Díaz y un cabezazo de Eduardo Domínguez que se perdió apenas afuera. Sobre los 43, Esmerado reemplazó al lesionado Jerez y la estructura de Huracán se modificó. Filipetto, quien había arrancado de volante central, pasó a jugar de cuatro, y Esmerado fue el cinco. Más allá de los cambios que hizo Héctor Rivoira, Huracán dependió en exceso de alguna maniobra individual de Franzoia, quien sobre los 22 estuvo cerca con un tiro que se desvió en Aveldaño y descolocó a De Olivera, que la sacó al córner. Racing no brillaba, pero lo tenía más o menos controlado y había encontrado un poco de claridad con la entrada de Grazzini. Pero llegó el tiro libre de Toranzo, el cabezazo letal de Domínguez y los humores cambiaron de tribuna súbitamente.
Informe: Federico Cardarelli

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