viernes, 26 de marzo de 2010

Central cayó de local frente a Huracán y quedó muy complicado


Central recibió un verdadero cachetazo en el Gigante de Arroyito al caer por 2 a 0 con un rival que en los papeles era accesible como el Huracán de Héctor Rivoira. Pero el Canalla no jugó bien, fue puro nervio y terminó con las manos vacías. Un exquisito zurdazo cruzado que sacó Adrían Peralta a los 33 minutos del complemento abrió la cuenta y a los 45 Leandro Benegas aumentó la ventaja al definir soló frente al arco. Hacía 15 partidos que el equipo queremo no ganaba de vistante. En la vereda de enfrente, el malestar mutó en indignación y el público auriazul despidió al equipo con insultos, aunque la mayoría fueron dirigidos a la dirigencia y no a los jugadores. Central y Huracán protagonizaron uno de los primeros tiempos peor jugado del torneo Clausura y el tanteador parcial refleja esa pobreza: 0 a 0 en el Gigante de Arroyito. Sí hubo, sin embargo, intenciones ofensivas con más nervios que claridad, sobre todo en el equipo local que se juega una parada muy importante para alejarse de la zona de promoción. La jugada que estuvo más cerca de terminar en la apertura del marcador, y esto respalda lo dicho más arriba, fue a los 33 minutos a través de un centro de Gervasio Núñez que le salió demasiado largo y terminó dando en el palo del arco de Gastón Monzón, quien fue la pieza más importante de la visita. Un minuto más tarde, ambos jugadores volvieron a cruzarse. Esta vez el Yacaré quiso probar al arco pero la resistencia del buen portero quemero se lo impidió. Sin embargo, la primera media hora estuvo mejor parado Huracán, que tuvo un par chances: una chilena a los 25 que no fue gol de milagro y un contragolpe que Gino Clara culminó con un remate cruzado que se fue muy cerca. En el complemento, las circunstancias no variarion. Para colmo en la primera que tuvo Zelaya, se lesionó (sería un desgarro) y debió ingresar De León. Central siguió siendo un manojo de nervios y la claridad nunca llegó. Huracán, que mostró muy poco, mantuvo la calma hasta que llegaron los goles y pudo festejar en un estadio que se convirtió en los últimos minutos en una olla de presión que, para este grupo de pibes, resultó gigante.
Informe: Federico Cardarelli

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